Edrix González Cruzado

 

 

Nos enfrentábamos a la primera individual de esta artista, aunque bien es cierto que quienes la conocen saben de su intensa relación con el ambiente, tanto desde puntos de vista teóricos como prácticos. Por ello no sorprende la soltura y entidad que demuestra, que se atreva con una pintura moderna y compleja por lo que a planteamientos se refiere y, si bien no los prima, con algunas complejidades a la hora de manualizar.

      La actual muestra no surge de la nada. Incluye, de acuerdo a sus propias palabras, cierta evolución, fruto del tiempo dedicado a esta actividad que se traduce en el presente conjunto. Lo más antiguo cursa con fondos informales, a base de pincelada suelta, casi siempre en una sola gama, que se completa con toques sueltos en color. Se suman a ellos motivos de carácter simbólico, protagonistas de la composición y que recuerdan postulados organicistas, así como franjas regularizadas, tendentes a lo geométrico, que resultan determinantes.

     Porque el camino sigue hacia la acumulación de materia e los fondos, al tiempo que los motivos principales desaparecen. Los segundos términos adquieren valores líricos, al incluir barridos con tonos más fuertes, mientras las líneas se limitan a los bordes de los cuadros, en un contraste más frío y, en cierta medida, más mental.

      Interesante será observar por dónde se desarrollan estas posibilidades, para sentar que no son únicamente fruto de la información sino, como parece apuntar lo expuesto, de una necesidad interior de expresarse por medio de la plástica, de volcar en los cuadros su propio modo de ver la vida.

 

                                                                                                Héctor López

                                                                                                    Crítico de arte

 

 

                                                                               21 de octubre de 1993. Heraldo de Aragón. De Arte. Sala Xenon.