Edrix Cruzado

 

                                                                                    T O R R E O N   F O R T E A

 

 

TITULO  Vetigo Espacial

 

Tiene fuerza, aura sensible y ojos para el color. Además, los que conocen la trayectoria de Edrix Cruzado han de advertir su progreso y el auge de su profesionalidad, aspecto no tan común como pensaríamos en quienes viven el mundo de nuestra cultura. Cada etapa deja un apreciable poso en su quehacer. De acuerdo con lo que apunta Jean-Marie  Girard, "...los elementos de una obra le vienen dados (a quien la hace) por su experiencia afectiva y por su historia estética". Por lo que vive, en fin, humana y artísticamente, recurra o no a los principios de representación y, en caso afirmativo, cualquiera sea la importancia que les otorgue. Bajo este prisma todos los cuadros se consideran autobiográficos; pero en especial aquellos que parecen salir de los estratos profundos, cosa que adivinamos en la muestra, aunque el impulso surja con talante hasta cierto punto contenido.

     Una propuesta determinada, por lo tanto, define a su autor, lo retrata, más cuanto más espontánea, reproduzca o evite seres u objetos. Sucede así con lo que llamamos "abstracción lírica", tendencia en la que encaje muy bien Edrix, siempre que la consideremos con su sentido amplio en el que designa el bloque de posibilidades no figurativas y no geométricas. Acoge así corrientes como la de "Action painting" o el informalismo, términos casi sinónimos, aunque el primero funde su especificidad en el movimiento instintivo y sin trabas. Sin embargo, las aclaraciones de terminología -que proceden, desde luego- deben mantener el camino del comentario hacia su meta.

     Para retomarlo sin desvíos basta recordar que sobre el gesto confluyen factores expresionistas y surreales. Véase ahora en los lienzos de Edrix el transfondo anímico con gotas de fantasía y de misterio.

      Títula su exposición "Vértigo espacial". sin otras similitudes trae a la memoria lo que Roberto Matta llamó "morfologías psicológicas" y "paisajes interiores". En una tela concreta el chileno culminaba sus juegos de palabras con "El verde capullo de las rosas" ("le vert tige des roses"), que suena como "El vértigo de Eros" ("Le vetige d´Eros"). Acaso con Edrix descubramos también que una sutil sensualidad soterrada nos llega convertida en suaves susurros y aromas. Podríamos añadirla a sus sinestesias. Porque un eco musical reside en las cadencias melódicas de sus tonos. Incluso diríamos que las piezas recientes acentúan la imagen vibratoria, como de ondas acústicas, ritmos biológicos, pulsaciones o pausas, silencios.

     Sólo trae fechas desde 1998; pero lo antiguo ofrece más contrastes entre sus rojos y los contrapuntos fríos, como los azules, y presenta aún bandas, rectángulos o formas silueteadas, nunca regulares en exceso. Progresivamente disminuye el contorno y crecen los amarillos y ocres. Al final, en la cripta, bien dispuesta con una dominante de verdes, se esfumarán los límites de las zonas. Un intermedio suponen los "dibujos" a base de corchos con adendas metálicas o de cordel, muy preciosos. De cualquier modo creo que, en el conjunto, la falta de control es más teórica que real y cuenta un planteamiento previo afin a lo constructivo, aunque luego triunfe la factura libre. Edrix termina a conciencia, por capas, en planos de profundidad, con un recuerdo de ventanas o destellos. No describe, alude, simboliza, remite a estados de ánimo, a sentimientos, a circunstancias  personales y sensaciones. 

 

                                                                                         Ángel Azpeitia

                                        Crítico de arte 

 

 

                                1 de abril de 1999. Heraldo de Aragón. Artes y Letras. Sala Torreón Fortéa