Edrix Cruzado

 

 

Según me comentan, la actual muestra de Edrix Cruzado viene de un cuerpo anterior de un cuerpo anterior de ensayos que no se dio a conocer en ocasiones precedentes, como sucede tantas veces en los procesos creativos complejos. A propósito de la evolución de una artista inquieta, conviene darse cuenta de que las cosas no surgen de la nada, sino que recorren, por lo menos, dos tipos de trayecto hasta alcanzar un resultado: el que se refiere a la lógica externa, a la apariencia en superficie, y el que deriva de los estratos internos. Siempre he considerado que es ahí -del último caso- donde se debe argumentar la cohesión del discurso. Edrix Cruzado retoma de su propio ser, en cierto sentido, las vías poéticas que suelen contemplarse desde supuestos expresivos, pero también observo en los límites profundos una fuerza estructural que trasciende. En su pintura se aprecian ciertas bases sólidas que argumentan lo pictórico desde polos opuestos de contraste. Y quien haya analizado sus obras recientes sabrá que responden a criterios vivenciales, tanto si los entendemos desde el punto de vista cotidiano como desde la especificidad artística.

     Cuando te enfrentas a las piezas se plantea casi inmediatamente el problema de las tensiones entre los límites figurativos y abstractos, entre lo que representa un signo icónico y el grado de parentesco con sus referentes cercanos o remoto (Eco diría que la iconicidad nunca es cuestión de grado: el retrato no es la persona, ni siquiera se le parece). Me interesa el texto de Vicente Villarrocha del que rescato ideas sobre la autora en las que coincido, como que "insiste en configurar una realidad objetual, unos motivos iconográficos (la propia materia "signada") en animada relación dialéctica sujeto objeto". También comprendo un análisis que iría desde los caminos líricos abiertos, misteriosos y coloreados por las vibraciones íntimas (que los tonos se midan y contengan no quiere decir que no existan, sino que se limitan a territorios sutiles),hasta la solidez de los enfrentamientos semióticos y perceptivos. Aquí me permito citar a Arnheim porque nos recuerda que tenemos la costumbre de pensar, cuando escuchamos las palabras "figura y forma", que se trata de la "figura y forma de algo". Entiendo que Edrix Cruzado separa y comunica figuras y fondos (dos términos). De ese diálogo se desprenden las relaciones espacio-línea que identificamos como los dos elementos prioritarios de su quehacer. El primero se llena de atmósferas privadas, mientras que la segunda expresa las unidades mínimas significantes, aspecto que se depura en la obra sobre papel con adendas.

      Las huellas son registros de los seres y, en términos mucho más amplios, de sus emociones y compromisos. Vemos ahora que están vivas en la pintura de Edrix Cruzado, porque aparecen, después de las reflexiones cálidas, como testimonio de su presencia.

 

 

                                                                     

                                                                   Pedro Pablo Azpeitia

                                                             Crítico de arte

   

 

                                                             21 de mayo de 1998. Heraldo de Aragón. Artes y Letras. Galería Ricardo Ostaé.