Sumergirse en el espacio interior

SUMERGIRSE EN EL ESPACIO INTERIOR: ACTITUD Y PRESENCIAS EN LA PINTUA DE EDRIX CRUZADO

 

 

A modo de presentación: el instante y el momento creativo

 

                Enfrentarse al trabajo reciente de una artista supone valorar en el instante un grupo amplio de acontecimientos complejos. La línea de sucesos en el entorno creativo de Edrix Cruzado alcanza ahora una etapa relevante  –significativa, si se quiere-, puesto que la materia sensible con la que forma sus pinturas alcanza nuevos grados de compromiso. Quizá sea ésta la palabra más adecuada, sólo que debemos matizarla. Se trata de un compromiso privado e intenso que luego trasciende al mundo concreto de las obras y no tanto de un discurso narrativo. Hablamos de los fragmentos desnudos del ser, cada vez con menos sitio para las anécdotas, que ofrecen testimonio de la voluntad, de las vivencias generales y de las específicamente artísticas. Detrás, en los diversos estratos sucesivos de los cuadros, hallaremos otros tantos niveles que comunican con lo profundo, mejor dicho, que producen una transferencia constante de fluidos emocionales. Los transportan la luz, en todos los sentidos cercanos o metafóricos, y en ella se definen los colores netos, tan propios como el gesto: entre ellos terminan por conformar los pequeños intramundos del espacio pictórico (sobre estos temas nos ocuparemos con calma más adelante).

 

                De lo dicho anteriormente se derivan varias cuestiones fundamentales por las que discurre el momento creativo de Edrix Cruzado. La piezas se realizan, tras una planificación exhaustiva, especialmente para el lugar que va a albergarlas (objetos en un sistema preciso). Aquí residiría el extremo más racional, porque la artista elige los formatos y el orden, después estructura y articula el conjunto casi como una melodía armónica que se distribuye según  afinidades o contrastes tonales. También las pinturas crecen sobre el esqueleto oculto que las organiza (por mucho que se rompa el equilibrio estricto de la simetría), de modo que las partes de la obra conversan con el todo y éste con el resto hasta formar un grupo coherente. Prestaremos atención a los ejemplos individuales; pero dentro de ellos se establecen diversos hitos que captan la mirada: una masa, una línea o cualquier ritmo sutil. Conviven en el mismo soporte los recursos espontáneos, a veces en las fronteras expresionistas, y las superficies semivacías de marcado contenido poético donde se diluyen o resaltan las formas, siempre en ese juego interior-exterior. Parece como si las figuras hubieran sido devoradas y, aun así, quedaran como huellas o presencias. Creo que no estaría de más referirse a ellas como cuerpos –tienen contorno limitado- que se oponen o integran en un fondo. Al mismo tiempo que lo utilizan como hábitat también lo generan. Ya no se acercan, en la misma medida, a la idea de actores (antagonistas o como queremos formularlo), aunque mantengan ciertas tensiones primarías, sino que completan los caminos líricos abiertos a la intimidad. De igual manera que nuestra percepción de los sujetos cambia, dependiendo de los agentes externos, las creaciones de Edrix Cruzado modifican su naturaleza y mutan según la distancia, las actitudes y los fenómenos que las rodean (véanse las diferencias por iluminación). Se debe a que son organismos vivos latentes. Respiran fuerza de quien los alimenta.

 

 

Colores fundamentales y colores generativos

 

                Capítulo aparte merecen las nuevas estrategias del color. Edrix Cruzado entra de lleno en uno de problemas prioritarios en el medio. El matiz, lugar y tamaño de cada una de las zonas cromáticas, así como su saturación, están establecidos de suerte que tensa y relajan, alternativamente, los ritmos del pensamiento intuitivo (sobre todo las sensaciones). Los pares o tríos tonales se enfrentan y deslizan en un recorrido muy especial, como un esquema de atracciones y repulsiones que transmiten dinamismo. Distinguiremos –también lo hemos hecho con los criterios de la forma- dos caras en los colores, diferentes y, a la vez, complementarias. La psicología entiende que existen primarios generativos y primarios fundamentales, es decir, diferencia entre los que necesitamos para producir una gama amplia (procesos mediante los cuales se generan los colores) de los que usamos para construir los referidos esquemas cromáticos una vez que aparecen en el campo visual (un antes y un después). Estos argumentos paralelos se pueden trasladar a los trabajos de Edrix Cruzado. Los pigmentos o combinaciones con las que elabora su escala personal (única) son ya un signo por sí mismos, esto es, poseen significado pleno. Cabría aquí analizar diversos aspectos que afectan, en primera instancia, a las temperaturas que proyectan –grados de frío, calor o intermedios- que unas veces te acercan a la pieza y otras te alejan. Son órganos que se agitan, reaccionan e interactúan hasta que encuentran el acomodo estable en nuestra retina. También ofrecen niveles simbólicos de interpretación, porque sabemos que en los depósitos culturales existen abundantes correspondencias que dan a cada gama su personalidad flexible. Sin embargo, considero que no reside ahí su verdadero valor. Cada elemento se define por oposición a los otros y, mucho más aún, por el contexto que lo delimita y modifica. La autora crea un sistema dentro de otro sistema, un lenguaje con el léxico que ella ha ido elaborando. Más adelante elabora una sintaxis hasta alcanzar el conjunto definitivo: un montaje que altera sonidos y silencios. En la fase de tránsito los colores enriquecen; pero no sólo adjetivan, sino que también los observamos como rasgos que son reconocibles en un estilo, el de la pintora, que se consolida ante los ojos. Cambiamos los ornamentos, aunque sean esenciales, por materias primas. En realidad dicen mucho sobre la energía de quien los crea: irradian experiencias y manifiestan el interés por la expresión sensual pura.

 

 

Registros en el espacio: el sentido más profundo

 

            Por fin llegamos a los registros más abstractos en el quehacer de Edrix Cruzado. Consideremos el referido espacio como modelo abierto que comprende desde los ámbitos sensoriales hasta las nociones de entrada y salida o la descripción de atmósferas no representativas. Las obras sugieren una lectura por estratos de profundidad en cuanto a los entornos pictóricos. El interior del núcleo –la zona desde donde se proyecta la luz- se revela a causa de la transparencia o bien se oculta parcialmente. En el acto de ocluir superficies, de trabajar por capas, se reconocerá otro de los componentes claves en este bloque unitario. Merece la pena detenerse en los mencionados conceptos, antónimos del espacio físico utilizable porque son sólo líneas mentales (psíquicas). Rudolf Arnheim señala que determinados tratamientos bordean un estado de multiestabilid. Introducimos, por lo tanto, variables en dos direcciones: por un lado el cuadro nos absorbe, apreciamos los que aparece debajo  como si se invitase al espectador a que desvelara las realidades íntimas de los cuadros; pero, por otra parte, es la pieza la que prolonga y descubre su naturaleza hasta que nos alcanza. El tiempo, estrechamente ligado a todos esos trayectos, aparece como la medida que nos obligará a pararnos y desplazarnos, hacia la quietud o hacia las dinámicas conscientes e inconscientes.

 

                Pinturas como ensayos que bucean en los registros hondos del ser humano. Edrix Cruzado aplica su razón como creativa y como individuo que oscila, se mueve y responde a los estímulos. De entre ellos, de su evolución, extrae ahora consecuencias sólidas. Fragmentos que actúan como reflejos, recorridos que conducen a los lugares del espíritu, desnudez  tras los velos, heridas que escapan y vuelven.

 

                                                                  Pedro Pablo Azpeitia

                                                                      Poeta y crítico de Arte