Fuga velada de Edrix Cruzado

                 La presente exposición de la pintora Edrix Cruzado en el Cuartel de Balleja obedece a la natural evolución de un cambio artístico, iniciado en 1999, a través de un predominio del impactante color y de formas reguladoras del espacio circundante.

 

Pero ahora lo realizado entre finales del año 1999 y el año 2000 marca una transformación eludiendo saltos bruscos. La obra, vista en conjunto, mantiene el criterio de pintarla para un espacio determinado, en este caso el Cuartel de Ballajá, con la intención de que encaje perfectamente y sigue su necesidad de pintar por serie sin pérdida de la línea creativa.

 

                El espacio permanece sugerido aludiendo a ámbitos infinitos cual libertad sin barreras, cual azar encaminando hacia cualquier imprevista aventura. Espacio repleto de pureza que vibra y vive perturbado por un atrayente color que estalla por doquier. Tanta indílica paz se transforma en vida mediante brochazos que inundan todo el lienzo. Latiguillos, como fugaces espermatozoides, crean la sensación de cierta  anomalía  perturbadora de la mirada inocente. Asimismo, se asiste al nacimiento de unas formas móviles que surcan el  mencionado espacio. Respiran hacia la conquista, la que sea, y trazan, vistas en conjunto, un disimulado entramado cuerpo geométrico que sirve, a su vez, para regular composición.

 

                Cuadros, por tanto, que marcan la vitalidad de su autora y la incursión hacia futuros e imprevisibles planteamientos. Cuadros, en definitiva, que jamás están pintados por una mujer, aunque sí por una artista.

 

                                                             Manuel Pérez-Lizano Forns 

                                                                            Crítico de Arte