Erosión del fuego racional

               En diversas ocasiones he comentado la importancia de conocer rasgos del carácter de un artista y las experiencias personales acaecidas, para así trazar con mayor exactitud un análisis de su obra artística. Bipolaridad, carácter y experiencias personales, que muchas veces es determinante, pero siempre recordando cómo numerosas  implicaciones  ocultas, hasta ignoradas por el propio artista, se reflejan en la circunstancia creativa. Ello implica, cuando se trata de una verdadera obra de arte, que jamás puedes efectuar un análisis radicalmente absoluto, porque siempre existen matices, de mayor o menor trascendencia, que se escapan a todo estudio. Se escapan por lo dicho y, a veces porque el artista plantea situaciones, como lo científico, que se alejan del análisis si el crítico de arte, el historiador, desconoce las reglas fundamentales de lo que un creador está formulando.

 

               En el caso de Edrix Cruzado se dan varias situaciones que contribuyen a su pintura actual. En principio, cabe insistir, acerca de su carácter, sobre la presencia de una soledad conducente a meditar aquellos que la afectan, pero siempre en el hipercentro de un individualismo como síntoma de independencia. Asimismo, destacaría el autocontrol emocional, roto en situaciones precisas, emanante del propio carácter y, pienso, de sus estudios sobre psicología en la Universidad. Dos singularidades, autocontrol y ruptura, visibles en sus cuadros cuando se detecta la combinación de lo geométrico con lo expresionista. Por otro lado, reside toda una vida en Puerto Rico y desde 1990 en España, sin olvidar que cada año regresa a su país natal, jamás olvidado. De Puerto Rico capta el sentido musical, su cultura, el colorido y las vivencias de muy diversa índole, desde el mar hasta la trascendencia de sentir la naturaleza dado que se cría en pleno campo. De España recoge su arte contemporáneo, una cultura compleja con milenios de existencia, el uso de los colores oscuros del tenebrismo  abstracto y una tajante sobriedad del carácter en las personas, dado que reside en el norte de España, en cierta medida afín al suyo.

 

               Pero, ahora estamos con la obra del presente año 1995, que resumiría, en principio, como terapia del instinto, del vitalismo, y especulación de la forma racional, energía coronada por la racionalidad o dominada por aquélla y lo pulsional entendido, obviamente, como la líbido, pluralidad en cuanto a los significados por sus férrea lucha y tenebroso expresionismo como si fuera su conciencia con ecos del inconsciente colectivo. Y su pintura se completa a través de colores, espacios y postura cambiante con las formas plásticas. En definitiva, arte plural en idónea síntesis con aquel pensamiento de Heráclito: No comprenden que lo divergente converge contigo mismo; armonía por tensiones opuestas, como del arco y de la lira.

 

 

               Pero ampliemos lo anteriormente sugerido. En primer lugar, el vitalismo entendido como analogía con un proceso microfísico  lleno de tensiones, que aumenta de tamaño en el proceso de ejecución. Aquí habitan las manchas irregulares, caóticas, entrelazadas mediante cientos de líneas estallando. Es la caverna y el puro instinto,la tiniebla y el vacío existencial. Todo ello provoca un insondable espacio, del cual se ignora su fondo, su final. En segundo lugar, lo racional, sin abuso de la inteligencia medida por la razón, es la geometría calculada, pero ubicándose sobre cada lienzo en una extraña mezcla de lógica e intuición. Lo racional como si fueran estructuras de células geométricas  aisladas pero conexionadas con el vitalismo. Aquí, en estas áreas, en estos planos, el color es más violento, más contrastado, como oponiéndose a la regulación geométrica. Rebeldía. Pero el colorido también busca el sosiego, la pureza del único color, en intencionada desarmonía colorística con los tonos oscuros de la zona vitalista.

 

               Entre ambos conceptos, el racional y el vital, posa, en lugares cambiantes, una línea recta temblorosa, irregular, que atrapa las dos vivencias, dando a entender su ineludible dependencia. Especificando: el ser humano en su choque, lo que afirmara Heráclito al asegurar cómo lo divergente converge y la armonía por tensiones opuestas. Pero, ¿y los focos de atención? Utiliza dos principales y, con frecuencia, varios más de menor tamaño buscando alterar la norma de cualquier mirada. De los focos principales, uno es central para estabilizar la composición y otro está desplazado del centro para modificar la composición. Disparidad que amplía, que agrede, la norma generalizada, buscando combinar el sosiego con la intranquilidad.

 

               Ahora es reconocible cómo el fuego racional se precipita, cae, erosinado por la arrolladora presencia del imperio instintivo. Mientras, sigue la rebeldía y la independencia de Edrix Cruzado buscando, quizá esta fusión de espíritu y materia nunca lograda por el ser humano. Queda el arte, sus cuadros, el sensible y continuado conocimiento.

 

                                                                 Manuel Pérez-Lizano Forns

                                                                                 Crítico de Arte