El hechizo de los cuerpos rasgados

              Las huellas del guardián de las ficciones, repetitivas, monosódicas e infinitas en su forma, han dejado paso a los rasgos contundentes, únicos y volumétricos, de una materia que se estructura confrontando su propia delimitación. La pintura de Edrix Cruzado evoluciona en su contenido y los elementos pequeños y sucesivos van dejando paso a otros muchos poderosos, rotundos y emergentes. Las denominadas huellas, símbolos creados por la infinitud imaginativa de la artista, se han convertido en episódicos motivos que fenecen ante el paso brutal y amenazador de unas imágenes corpóreas de fascinación plástica. Su hechizante poder surge de la delimitación entretejida por certeros rasgos.

 

                En la presente exposición se pueden observar piezas correspondientes a dos series de realización consecutiva y de factura reciente, donde la narración introspectiva viene marcada por la gama cromática. Composiciones dominadas por bloques impertérritos, voraces y contundentes, que ocasionalmente repiten su fisonomía poligonal. Construcciones rectangulares concebidas como energía que conexionan el orden de la materia en la superficie pictórica. Trazos vigorosos que hegemonizan las formas y al mismo tiempo las dotan de un introspectivo sentido volumétrico. Figuras esculpidas a golpe de savia cerebral que gravitan en una atmósfera de sutil materialidad. Un universo interconectado por calidades argénteas que cual limbo originario soportan  el vaivén de empuje y atracción de la rotundidad de las masas flotantes. Las obras de Edrix Cruzado interiorizan oberturas de móviles siluetas, que se cardinan  en ritmos tetúricos que a modo de estelas se van perdiendo en la perspectiva lineal. La permanencia del recuerdo en el tiempo. Algunas piezas se singularizan por la hegemonía de un sólo elemento, vertebrado por luces y sombras, que en ocasiones cae autoritariamente con toda su verticalidad, rota por leves quejidos secuencias horizontales. Formas únicas de fisonomía inusual, comunicadoras de una grandilocuencia atrapada en las redes de la materia.

 

                A la vislumbración de unas obras marcadas por las fluctuaciones grises, seguirán los serenos estallidos aúreos. Amarillas iridiscencias que aportan nuevos matices a un mundo ya cohesionado. Guiones desvaídos que aportan a la atmósfera de la obra otras calidades, en este caso potenciadoras de la agitación de los trazos que gestan un nuevo albor.

 

                La plástica es un mundo cambiante de formas infinitas, donde el artista indaga la deconstrucción del caos, premonizando el futuro desde la custodia del pasado. Abre un nuevo espacio materializado por una ordenación de las formas que desata la tiranía de una liturgia materializada por la fatuidad del presente. Un caos que la doctrina de la realidad considera como el estado inicial impulsado ciegamente, hacia un nuevo orden de fenómenos y de significaciones. La materia primigenia de la que los alquimistas hacen surgir a lapis, el ordenador de las masas abstractas, que relacionan el color negro. Una substancia que los platonistas consideraban el alma del mundo, definiéndola como protohylé, y que Edrix Cruzado ha redescubierto al irrumpir en los ciclos del tiempo.                                                

                                                                                     

 

                         Desirée Orús

                                                   De la Asociación Nacional de Críticos de Arte