El dibujo como futuro cuadro

Tanto en pintores como en escultores son muy numerosos los ejemplos del dibujo como auténtico motor de futuras obras, siempre dentro de lógicas variantes por la técnica. Dibujo como acto espontáneo, mediante un tiempo de ejecución de máxima agilidad, es decir, en relación a un cuadro o una escultura, como si el artista respirara una sensación libre,  sin aparentes ataduras.

 

El dibujo, en el caso de Edrix Cruzado, ha significado la inmersión en un ámbito de máxima libertad, por la técnica y el material utilizado, así como la necesidad de descanso, puesto que siempre los realizaba tras concluir un conjunto de cuadros para una exposición individual. Cuando en octubre de 1995 expone en la Zaragozana Galería Moldurarte, en el catálogo se reproducen varios cuadros y cuatro dibujos correspondientes a la Serie Constelación Musical, la cual consiste en cartones pintados de negro y rajados con violencia, de manera que la sinuosa e irregular líneas se une mediante grapas industriales cual eco de una herida cosida con metal. Dibujos impulsivos, vitales, sin vínculo con los cuadros.

 

Se suceden diversas series de dibujos, hasta que en marzo de 1999 exhibe en el Torreón Fortea de  Zaragoza. Los cuadros se acompañan por varios dibujos, sin reproducir en el catálogo, que se caracterizan por los fragmentos de chatarra que pega y cose con liza sobre una superficie plana de corcho. Dibujos, según la norma, sin vínculo con los cuadros.

 

Muy a principios de 2002, algo ocurre que altera el orden, el vínculo, entre cuadro y dibujo. Edrix Cruzado comienza cuatro series muy hermanadas, con el papel como soporte y las siguientes características. La primera serie consiste en pequeñas piedras que pega e incluso ata con liza; en la segunda incorpora cortezas de árboles y pequeñas ramas secas que pega y cose con liza, sin olvidar los hilos de estopa que trazan sutiles arabescos; en la tercera añade flores secas que cose con liza; y en la cuarta, para finalizar, los fragmentos de acero inoxidables se acompañan por formas afines con lápiz graso. Estamos, por tanto, ante una mezcla del objeto encontrado y de cierto volumen escultórico, con evidentes alusiones de tiempo y su capacidad de transformación, según puede detectarse con las ramas secas, las cortezas, el tipo de piedras y las flores, que localiza y selecciona en pleno bosque.

 

El galerista Ricardo Ostalé configura una exposición colectiva para el Espacio Ostalé Rueda de Zaragoza, en la cual el tema obligado será la cúpula de Bayeu del Pilar, motivo para que la exhibición se titule “Sobre Francisco Bayeu”. Se inaugura el 21 de junio de 2002, con la participación de diez artistas. Edrix Cruzado exhibe un cuadro, titulado “Cielo Negro”, basado en un acrílico sobre lienzo, un cartón ondulado redondo, como alusión a la cúpula de Bayeu, que pinta y pega sobre el lienzo y dos tubos de acero inoxidable que ata al lienzo.

 

Para la presente exposición en la Escuela de Arte, ya se había planteado un cambio radical por una necesidad interior. Cambio protagonizado por la tajante estructura geométrica de los cuadros, que se acompaña mediante elementos añadidos provenientes de los dibujos como idea, como motor de transformación. Exhibición de cuadros y de una selección de dibujos sobre las cortezas, las ramas secas y los fragmentos de acero inoxidable con formas afines en lápiz graso.     

 

                                                                  Manuel Pérez-Lizano Forns   

                                                                  Crítico de Arte